en los pliegues de tu corazón

donde se esconde el alma.

Duele desplegarlo, como duele dar a luz, pero es un dolor de la vida que late, nos zarandea y nos despierta. Allí vive la verdadera alegría.

“El alma es un laberinto en el que uno puede perderse fácilmente. Un laberinto es oscuro. En este laberinto uno se orienta con un hilo rojo. Éste se tiene todo el tiempo firmemente en la mano. Uno palpa su camino adelante, centímetro a centímetro a lo largo del hilo. Cada latido del corazón es un centímetro más.

Se avanza con los latidos del corazón.”  B. Hellinger